Eran las 20 de la noche y la espectativas eran nulas, pero siempre estaba en el fondo de mi corazón ese pedaso de fe, que tenemos todos desde el flayte que raya una micro que sueña con ser jefe de jefes o una chiquilla que sueña con conocerme.
Pero esta tarde era distinta, era fría y fetida, todo por culpa de unos porotos que compré a unos estudiantes de tercero básico que juntaban dinero para su paseo de fin de año a la piscina Los Trapiches de Peñaflor.
En fin, esa noche no había panorama alguno por lo que apagué las luces temprano, ví El Padrino III y me dormí.
Al otro día me despierto con toda la energía para hacerlo todo, pero no había absolutamente nadie, era el único hombre en la ciudad, era aterrorizador ver que en plena avenida Salvador con Francisco Bilbao no se encontrara absolutamente nadie.
En fin fuí el unico humano de Chile y del mundo que despertó con energías un día primero de enero.
Ahí mi día cambió. Pero no para siempre.